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LA TRADUCCIÓN DE LENGUAS MINORITARIAS: CASO ESPECIAL DEL RUMANO Joaquín Garrigós La presencia de la literatura rumana en España, en el mundo que habla y lee en español, es bastante irrelevante. Ya en 1936, Mircea Eliade, en carta abierta a Corpus Barga, se quejaba de que en España no se hubiese traducido a ningún autor rumano[1]. En los años cuarenta, se publican algunas traducciones del novelista Liviu Rebreanu, como Ciuleandra y El bosque de los ahorcados, siempre traducidos del francés. Durante los sesenta, la Editorial Losada, de Buenos Aires, publicó algunos títulos de prosa (de nuevo El bosque de los ahorcados) y de poesía (Eminescu y Tudor Arghezi) traducidos por Rafael Alberti y María Teresa León, pero nunca del original rumano. En los setenta, circularon algunas antologías de poetas rumanos traducidos por el hispanista Darie Novăceanu y una edición fragmentaria de los diarios de Eliade, esta última también del francés. En los ochenta, el primer volumen de memorias de Eliade y tres de sus relatos breves. En todos los casos, salvo el relato El viejo y el funcionario, la lengua de partida fue el francés. Ya en los años noventa, a Magro resultado. Si, además, tenemos en cuenta que la mayoría de los títulos pertenecen a Mircea Eliade, difícilmente podremos decir que en España haya penetrado la cultura rumana; en todo caso, ha penetrado un autor que, por sus estudios en el campo de la antropología, ya gozaba de renombre universal y al que no había que presentar en ninguna editorial y que ha actuado de locomotora para que entraran otros. Sirvió para que los editores vieran que en un país desconocido como Rumania también se hacía literatura de calidad. La escasa difusión de la Tampoco creo que haya que descartar como causa el mimo con que era tratado Nicolae Ceauşescu en las cancillerías occidentales por considerarlo una oveja negra dentro de la grey del Pacto de Varsovia; ello motivaba que la disidencia rumana tuviese en Occidente bastante menos resonancia que la de otros países. Pero, a nuestro juicio, el Añadamos los Otra razón que contribuye al desconocimiento de la literatura rumana más allá de sus fronteras es su relativa modernidad. Tampoco el italiano es lengua que se extienda fuera de los confines de Italia pero, desde hace siglos, es vehículo de una formidable cultura y muchos de sus autores son referencia obligada de la literatura universal. Por razones históricas cuya exposición no procede en estas sucintas líneas, la literatura rumana propiamente dicha no nace hasta el siglo XIX. Ese nacimiento marcha al compás del nacimiento de la propia Rumania como estado, que también tiene lugar en la segunda mitad del XIX, y cuando la vieja lengua romance, que la población nunca había dejado de hablar desde la conquista de la Dacia por las legiones de Trajano[2], se moderniza y se transforma en una lengua literaria unitaria, robusta y de enorme expresividad que alcanza su máximo esplendor con Mihail Eminescu (1850-1889), cumbre de las letras rumanas. No Precisamente en estas literaturas el papel del traductor es muy relevante, incomparablemente más que en las de lenguas de gran circulación. Las obras literarias escritas en estas últimas se conocen, los editores pueden leerlas y valorarlas. En el caso de las minoritarias, en la mayor parte de los casos, ha de ser el traductor quien se encargue de ir difundiéndolas por las editoriales, haciendo resúmenes y, cuando las hay, procurándose ediciones en idiomas accesibles. Aunque pueda parecer exagerado, el traductor cumple el papel de agente cultural del estado en cuestión, suple la ineficacia de las autoridades culturales de ese país. Y, por supuesto, sin ninguna retribución salvo la esperanza de que algún editor se decida a aceptar alguna de las propuestas que le formule. Es una especie de viajante de comercio cuyo muestrario lo componen las obras sobresalientes de esa lengua y con él va llamando a las editoriales, de puerta en puerta. Sin una ayuda decisiva de las autoridades culturales rumanas, las posibilidades de que su literatura rompa el corsé lingüístico y se difunda fuera de sus confines, sobre todo en la Europa occidental, meta de todos los escritores, "triunfar en París", es difícil pues, en su mayor parte, es una labor que queda confiada al entusiasmo de los traductores. A lo más que se llega es a que entre algún que otro autor, como es el caso citado de Mircea Eliade, cuya obra literaria está casi toda publicada en España, pero no una literatura. Esa ayuda debería canalizarse en dos vertientes: una, subvencionando las traducciones de los libros que se consideren obras destacadas y representativas de la literatura rumana, como hacen húngaros y checos, y la segunda formando traductores. Por lo que al rumano respecta, los traductores son pocos. En el ámbito de la lengua española, salvo casos muy esporádicos, el único es quien esto escribe; eso es todo un síntoma. Lo mismo podemos decir del ámbito lusófono. Dos grandes lenguas que cuentan con un solo traductor para cada una. Según hemos tenido ocasión de constatar en los encuentros internacionales de traductores auspiciados por la Unión de Escritores de Rumania, la mayoría de los traductores a lenguas de circulación en la Europa occidental y en los EE. UU. son rumanos afincados en el extranjero; estos traductores, salvo contadísimas excepciones, jamás podrán competir con un nativo buen conocedor de su idioma materno. En el caso de las lenguas eslavas, se trataba de antiguos estudiantes que, en virtud de acuerdos entre los países del Pacto de Varsovia, habían cursado sus estudios en universidades rumanas. Pero ese trasvase de estudiantes ya no se produce. Y, por último, un dato preocupante común a todos: muy pocos bajarían de los cincuenta años. Si el relevo generacional no se produce, las consecuencias para la difusión de la literatura rumana más allá del Danubio pueden ser catastróficas. Desaparecería o, en el mejor de los casos, quedaría condenada a las retraducciones (generalmente del francés), lo que supondría un golpetazo demoledor a la calidad de la traducción y, por ende, a la adecuada recepción de la obra literaria. Si no se emprende una política seria de formación de traductores, en pocos años se puede llegar al colapso total de la divulgación de la literatura rumana por la falta de ese relevo generacional de traductores. De Y lo aquí expuesto enlaza con otra barrera, a saber, la falta de traducciones suficientes al francés o al inglés. Algo fundamental pues ningún editor español publicará nunca un libro de un escritor, por bueno que le digan que sea, si antes no lo lee. Como puede apreciarse, es toda una carrera de obstáculos con listones a cuál más alto y que un traductor no puede superar solo por grande que sea su empeño. La solución para que la literatura rumana salga del gueto se resume en una única palabra: dinero. Y pasa por dos momentos: uno, traducir al francés en Rumania, por traductores rumanos, un corpus de obras literarias selectas. No es necesario que sea una traducción magnífica, basta conque sea discreta o incluso mediocre. Tampoco es necesario publicarla, sino tenerla en soporte informático. Los costes serían mínimos. De esta suerte, cuando el traductor quiera proponer el libro X a un editor, le puede acompañar dicha traducción. Todo lo demás, como diría D. Quijote, son "flores de cantueso", marear la perdiz y perder el tiempo. Y con ello se pondría fin al sempiterno lamento victimista, tan caro a muchos rumanos, de que "en Occidente no se interesan por nosotros". [1] Publicada en español por ABC cultural, Carta abierta al señor Corpus Barga, 1 de diciembre de 2001, trad. J. Garrigós. [2] El primer documento escrito en rumano no aparece hasta 1521. El desfase con el resto de las lenguas románicas es evidente: 842 los juramentos de Estrasburgo; 960 el plácito capuano; ca. 970 las glosas emilianenses. La lengua de la Iglesia ortodoxa y de la cancillería era el eslavón, lengua muerta basada en el búlgaro medio y que cumplió allí el papel que en Occidente tuvo el latín medieval. [3] Ed. Cátedra, Madrid, col. Letras Universales, trad. Dana Giurcă y José Manuel Lucía. [5] Téngase en cuenta que, en Rumania, la Unión de Escritores es un poder fáctico en el mundo cultural. |